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¡Que los cumplas feliz, felle!

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Contrario a lo que pudiera creerse sobre la articulación apagada de las palabras y las frases por parte de los seniles, la forma de pronunciar de esta centenaria mujer es enfática, estribillosa y gira en torno a una premisa sencilla: “no he cambiado; soy la misma todo el tiempo, para que sepan que mi aprecio nace del corazón”. Isabel Felicia Acosta Mieles, mejor conocida como “la felle”, nació el 17 de junio de 1918, en el municipio de Manaure, balcón turístico del Cesar. Su nombre de pila es producto de la homonimia con una tía que le dejó como patrimonio la casa donde vive, en el barrio Fray Joaquín, del municipio de La Paz, cuya estructura física se conserva casi primigenia. Su madre fue Rosa Ernestina Mieles y su padre, Rafael María Acosta, con quienes vivió escasos años. Su adolescencia transcurrió entre Villanueva, La Guajira y Manaure, Cesar, bajo la tutoría de familiares biológicos y políticos. Hacia el año 1935, a la edad de 17 años, se radica en el municipio de La Paz. Resi...

El trono académico

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OPINIÓN  Fuente: Semanario La Calle Soy egresado de la Universidad Popular del Cesar. Hago parte de ese escaso porcentaje de cesarences que ha logrado empezar y   terminar sus estudios de pregrado con más   felicidad que cansancio. En mis   días de estudiante,   todo lo vivido dentro del recinto académico me resultó   atrayente.   En aquel tiempo, se echaba a andar la construcción de la nueva biblioteca y mi vida transcurría   mágica: entre ciencia, libros y atardeceres utópicos en la plazoleta. La experiencia Universitaria es ampliamente   impactante   por la manera en que esculpe nuestra mentalidad. Desde una dimensión funcional,   no llegamos a incorporar   de manera efectiva   una teoría   que oriente nuestra ocupación desde lo técnico, filosófico y moral. Y desde otra, menos   abstracta y más práctica, no alcanzamos   a manejar la dualidad   que produce el inevitable   choque en...

Cuando los golpes son lecciones

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Rosa Ternera en Montería, campamento preparatorio de cara a los Juegos Nacionales 2019/  Foto: perfil de facebook Q uien la ve, no la conoce y probablemente tampoco llega a pensar que esas manos, que cuidan de dejar las arepas de queso muy bien horneadas, manos que se extienden hacia propios y foráneos con presteza para ofrecer el exquisito producto, también se empuñan con pasión para dignificar al deporte de las narices chatas. Fue amor a primera vista. Una tarde cualquiera, saliendo de clases, se dirigió al traspatio de la Casa de la Cultura de La Paz, lugar que sirvió durante más de cinco años para el entrenamiento de pugilistas aficionados del municipio. Rosa Ternera comenzó a asistir a las prácticas sin el consentimiento de su madre, Lucenith Soto, quien le hacía en las secciones de adiestramiento futbolístico. Cuando determinó llegar a su domicilio con las vendas en sus manos, su progenitora ‘puso el grito en el cielo’. El aprendizaje del boxeo ha impactado pr...